A veces, cuando una duda que tenemos es demasiado grande, necesitamos soltarla y encontrar una respuesta. No siempre pasa así, en ocasiones las preguntas pueden esperar, son insignificantes o en el fondo, no tan importantes como nosotros creemos. Por eso, para hacer una pregunta tenemos que estar seguros de que es una gran duda, y no una cualquiera. Yo no me atrevía a preguntar, porque tampoco quería saber la respuesta, en realidad se que es porque me da miedo que no sea la que yo espero o que me hagan daño. Entonces decidí no preguntar, pero si decir lo que sentía, necesitaba que él lo supiera y aunque no fuera una pregunta él tuviera una respuesta en mente. Sí, suena un poco raro, pero no me arrepiento de esa decisión. Sé que no le hice una pregunta y que si no preguntas no hay nada a lo que responder, pero también sé que hay cosas que no se pueden dejar olvidadas, hay cosas que por mucho que no sean preguntas estás "obligado" a responder. Por ejemplo, cuando quedamos con un amigo le decimos algo parecido a: "Quedamos a las 17:00 en el cole", y eso no es una pregunta pero sin embargo, todos esperamos una respuesta, un "ok", un "vale" o un "no puedo, lo siento". Pues cuando te gusta alguien y se lo dices pasa igual, siempre esperas una respuesta, aunque sea un "ok", un "vale", un "te quiero" o un "perdóname, no siento lo mismo".
Ahora yo sigo con la misma duda de antes, si no hay respuesta en teoría la respuesta debería estar clara, pero quizás no, porque eso, no hay respuesta. Y si no hay respuesta, la duda sigue en ti, y seguirá en ti toda tu vida, a no ser que la respuesta llegue. Sé que no lo hice bien, y que esas cosas no se hacen como yo las hice pero fue un impulso, los impulsos hay que seguirlos y como todavía no sé nada, no voy a perder la esperanza. Aunque en el fondo sé que la esperanza está perdida. No hay posibilidades. Pero no voy a rendirme hasta no oír un no.